¿Qué sabemos del amor incondicional?

Mi última publicación hablaba de Susy, aquella hija peluda que se fue. No había vuelto a escribir porque no había tenido la disciplina para hacerlo, mi energía había venido consumiéndose en solucionar situaciones, hacer duelos y sacar conclusiones de un periodo de profundo dolor, de un sentido de vida que debía recuperar, reencontrar la alegría, la confianza y la paz interior que habían estado esquivas durante un tiempo que parecía alargarse sin encontrar un final.

La partida de Susy, los recuerdos que me dejó y las emociones que experimenté en el momento del adiós (gratitud infinita, armonía, aceptación y paz), me hicieron entender el real significado del amor incondicional y se despertó en mi un anhelo de que al partir, yo dejara una huella de al menos una mínima parte de esos sentimientos que Susy me despertó.

Entendí que realmente nunca supe qué era el amor incondicional y aunque he amado profundamente con amor de madre, de hija, de mujer, de amiga, ese “profundamente” había estado por momentos empañado de sentimientos muy lejanos al verdadero significado del amor, muchas veces en nombre de ese amor había lastimado, manipulado, controlado.

Empecé a entender que el amor es el mismo, independientemente de a quien esta dirigido, pude ver que cuando amas realmente, amas a todo y a todos los que te rodean. Pero sobre todo te amas y aceptas a ti misma. Pude entender por qué el amor es desapego, por qué el amor no es sacrificio. Lo dice Jesús, los repiten los maestros espirituales, la psicología, la filosofía, en fin, es un secreto a voces que no lograba comprender y la razón es que no había entendido el significado de amar incondicionalmente.

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(Esta foto es un regalo de uno de esos maestros de quienes he empezado a aprender el significado del amor)

Entendí que ese sentimiento es tan grande y poderoso que tiene que venir de algo infinito, enooorme y por fin pude aceptar y ver la grandeza de esta creación, no solo con el asombro que siempre he sentido ante la perfección de lo que somos y de lo que nos rodea, sino, desde la conexión entre todo que se me hizo evidente. La perfección nace precisamente de esa fuerza que es el amor.

Susy abrió la puerta desde mi emoción para que mi mente pudiera entender. Ahora me queda el camino y el reto de aprender a amar así, incondicionalmente. Finalmente creo que ese es el reto de todos, a eso vinimos a este plano a despejar el camino de todo lo que empañe la manifestación de esa fuerza en su plenitud, para trascender y cumplir el propósito de la creación: la perfección.

Gracias a ese clic, a ese regalo de la comprensión, a esa maestra peludita, puedo ver un poco mas despejado mi camino hacia el equilibrio, voy mas liviana y con la ilusión renovada.

Se que mi búsqueda es la misma de muchos y estoy segura que acompañarnos en ella, nos hará avanzar para cumplir el propósito como especie y como responsables de este maravilloso entorno que nos han regalado.

¿Qué tal si la compartimos en este espacio desde nuestra humanidad desnuda? Me muestras, te muestro, me explicas, te explico, me apoyas, te apoyo… te espero.

 Un abrazo gigante y amoroso

Claudia

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