En donde me perdí?

No recuerdo exactamente desde cuando estoy buscando algo, algo que puedo reconocer, ser. A veces lo siento muy cerca, otras veces inalcanzable, un estado que puedo definir, pero por mas que me esfuerzo en sentir, a veces me es esquivo. Hablo de un estado placentero de serenidad y alegría, un estado de comunión conmigo. Te suena?

Muchos estamos en esa búsqueda ensayando diferentes caminos para entender la mente y el corazón, el por qué de nuestras acciones y emociones. Leemos textos de diferentes corrientes, asumimos ritos y practicas de diferentes culturas que creemos conocen el camino y nos darán las herramientas para encontrar lo que buscamos. Vemos vídeos, vamos a conferencias, hacemos talleres, divagamos en maravillosas tertulias filosóficas razonando aquello que aun no sentimos.

He visto una bella caricatura, La Transformación de Hermie www.youtube.com/watch?v=Gjqw2naDBpM (recomendada por uno de esos maestros de sabias y generosas enseñanzas) y vi resumida de manera elemental, aquello que para mi era tan lento y difícil de entender.

Pude identificarme con Hermi un tierno personaje, insatisfecho, necesitado de aprobación, impaciente y exigente como yo y descubrir con él, que a través de la aceptación, de soltar y agradecer logra su gran sueño, uno que no es mas, que ser quien ES para descubrir en él la obra de Dios. Descubrí con Hermi, que la verdad que busco, el proceso que ansiosamente he deseado acelerar, avanzará mientras pueda reconocer, aceptar y valorar quien soy. Y eso solo se dará cuando pueda cerrar los ojos y esperar con humildad a que sea mi tiempo.

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Ahora se que lo que perdí, era mi esencia. Se perdió entre mis propias expectativas y las de una sociedad que me educó y por la que me deje llevar. Se escondió entre las falsas creencias y la voluntad de hacer las cosas como la mejor: la mejor hija, la mejor esposa, la mejor mamá, la mejor trabajadora, la mejor amiga, la más inteligente, la más altruista, en fin… se perdió en ese ánimo de competencia típica de un ego gigante y descontrolado, en la necesidad de reconocimiento y aprobación, un lobo que se escondía bajo la piel de cordero. Es mi lección de vida, supongo que la que muchos debemos aprender.

Hermi me deja el mensaje claro: Dios no ha terminado su obra en mi, para ello espera amorosamente que yo haga mi parte y alimenta mi deseo con su promesa de convertirme en la mejor expresión de mi misma, de darme un corazón como el suyo.

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Por fin, puedo ir mas allá de las palabras leídas, escuchadas y vistas que quedaron en la superficie y empiezo a conectar mi mente y mi corazón con eso tan obvio que me empeñaba en volver complejo: El camino no es otro que yo misma.

Te invito a ver la transformación de Hermie, a disfrutarla como niño, con el corazón abierto y mas allá de cómo sientas a Dios, siente con Hermie la certeza de reencontrar tu esencia y crecer hasta ser la mejor expresión de ti mismo, buscando adentro, las respuestas que no encontraras afuera.

Un especial abrazo de gratitud al maestro generoso que me habló de Hermie y a todos los que he encontrado en mi camino y han sido el espejo para verme.

Ahh, y a ustedes que tienen la paciencia de acompañarme a descubrir el agua tibia. Claudia.

 

 

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