En donde me perdí?

No recuerdo exactamente desde cuando estoy buscando algo, algo que puedo reconocer, ser. A veces lo siento muy cerca, otras veces inalcanzable, un estado que puedo definir, pero por mas que me esfuerzo en sentir, a veces me es esquivo. Hablo de un estado placentero de serenidad y alegría, un estado de comunión conmigo. Te suena?

Muchos estamos en esa búsqueda ensayando diferentes caminos para entender la mente y el corazón, el por qué de nuestras acciones y emociones. Leemos textos de diferentes corrientes, asumimos ritos y practicas de diferentes culturas que creemos conocen el camino y nos darán las herramientas para encontrar lo que buscamos. Vemos vídeos, vamos a conferencias, hacemos talleres, divagamos en maravillosas tertulias filosóficas razonando aquello que aun no sentimos.

He visto una bella caricatura, La Transformación de Hermie www.youtube.com/watch?v=Gjqw2naDBpM (recomendada por uno de esos maestros de sabias y generosas enseñanzas) y vi resumida de manera elemental, aquello que para mi era tan lento y difícil de entender.

Pude identificarme con Hermi un tierno personaje, insatisfecho, necesitado de aprobación, impaciente y exigente como yo y descubrir con él, que a través de la aceptación, de soltar y agradecer logra su gran sueño, uno que no es mas, que ser quien ES para descubrir en él la obra de Dios. Descubrí con Hermi, que la verdad que busco, el proceso que ansiosamente he deseado acelerar, avanzará mientras pueda reconocer, aceptar y valorar quien soy. Y eso solo se dará cuando pueda cerrar los ojos y esperar con humildad a que sea mi tiempo.

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Ahora se que lo que perdí, era mi esencia. Se perdió entre mis propias expectativas y las de una sociedad que me educó y por la que me deje llevar. Se escondió entre las falsas creencias y la voluntad de hacer las cosas como la mejor: la mejor hija, la mejor esposa, la mejor mamá, la mejor trabajadora, la mejor amiga, la más inteligente, la más altruista, en fin… se perdió en ese ánimo de competencia típica de un ego gigante y descontrolado, en la necesidad de reconocimiento y aprobación, un lobo que se escondía bajo la piel de cordero. Es mi lección de vida, supongo que la que muchos debemos aprender.

Hermi me deja el mensaje claro: Dios no ha terminado su obra en mi, para ello espera amorosamente que yo haga mi parte y alimenta mi deseo con su promesa de convertirme en la mejor expresión de mi misma, de darme un corazón como el suyo.

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Por fin, puedo ir mas allá de las palabras leídas, escuchadas y vistas que quedaron en la superficie y empiezo a conectar mi mente y mi corazón con eso tan obvio que me empeñaba en volver complejo: El camino no es otro que yo misma.

Te invito a ver la transformación de Hermie, a disfrutarla como niño, con el corazón abierto y mas allá de cómo sientas a Dios, siente con Hermie la certeza de reencontrar tu esencia y crecer hasta ser la mejor expresión de ti mismo, buscando adentro, las respuestas que no encontraras afuera.

Un especial abrazo de gratitud al maestro generoso que me habló de Hermie y a todos los que he encontrado en mi camino y han sido el espejo para verme.

Ahh, y a ustedes que tienen la paciencia de acompañarme a descubrir el agua tibia. Claudia.

 

 

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Cuando la vida te habla…Sincronicidades, Dioscidencias: La magia

Puedo resumir en tres palabras mi aprendizaje durante este año y medio: humildad, aceptación y paciencia, ha sido un camino de desapego al sufrimiento y de alivianar la vida. Estas grandes lecciones se funden en algo que poco a poco aprendo a hacer: Soltar, dejar fluir, “abrazar la incertidumbre”[i].

Esa hermosa frase “abrazar la incertidumbre” ha sido fundamental para transformar la teoría en vivencia, la encontré en El Kiram, juego de cartas de ángeles.

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Lo descubrí, por una amiga, justo cuando empezaba Upekkha y buscaba algunos productos para vender. Ella, me presento un producto que estaba sacando al mercado, unas cartas de ángeles. Yo un tanto escéptica accedí a ”jugar”, fue la palabra que ella empleó y encantada por la presentación gráfica del mismo, por respeto y admiración al fruto de su inspiración como diseñadora, me decidí a jugar.

Me impactó profundamente la respuesta que recibí de los ángeles, justa para el momento que estaba viviendo, era como una voz que me habló desde muy adentro haciéndome evidente lo que no quería ver.

Inicialmente vendía los Kiram porque me parecía un producto interesante, dejé uno para mi y terminé consultándolo día tras día. Ahora se que existen muchos juegos de cartas de ángeles, pero me encanta este, la sencillez de las palabras y los dibujos hechos a mano alzada, llenos de detalles y significados.

Superar mi desconfianza y finalmente dejarme llevar de esas palabras que me respondían los ángeles, ha sido la herramienta que me ha permitido descubrir lo que es realmente creer, la fe, soltar. No he sido una persona particularmente religiosa, si espiritual, al menos eso creía. Ahora veo que era mas desde la mente que desde el corazón.

Realmente no me interesa ni me preocupa entrar en definiciones religiosas, espirituales o de grandes teorías sobre los ángeles, solo intento transmitir mis sentimientos desde lo que he vivido y finalmente lo que he considerado un apoyo.

¿Que es lo que quiero creer?, si. ¿Que es una evasión?, tal vez. ¿Que es superstición? puede ser, pero también puede ser que estoy siguiendo a mi intuición, mi alma. La verdad poco importa la explicación que pueda dar desde mi mente.

Lo tome como un “juego” y a través de ese “juego” he podido conectarme con esos seres y me he podido soltar, entregándome a ellos.

Ha sido un camino íntimo entre ellos y yo, mi reflexión ha sido que esa energía esta ahí para todos y no necesita intermediarios. Mi trabajo ha sido jugar, permitir que la magia se haga evidente en los pequeños detalles, escucharlos en las sincronicidades, en los milagros de la cotidianidad y eso solo puedo hacerlo yo.

Si bien en otros momentos de mi vida, la meditación ha sido mi herramienta y mi modo de conexión con la energía de mi cuerpo y de todo lo que me rodea, ponerle nombre a esa energía y sentirme apoyada en cada área de mi vida por una en especial, me ha dado la posibilidad de llevar esa conexión a un nivel diferente, a mis sentimientos y necesidades mas humanas y contar con la ayuda de unos guías amorosos que acrecientan la certeza de mi poder como ser humano, de que todo estará bien porque solo hay un camino cierto y es mi propio crecimiento.

Ellos se han convertido en la energía que se me hace presente en un lenguaje propio, que me hablan desde lo que puedo entender, creo que finalmente es un dialogo conmigo misma, un lenguaje inocente para la niña que soy: el juego, la magia, la alegría y sobre todo la libertad.

Gracias al Kiram, el juego de cartas empecé a interpretar esa energía de colores brillantes que siento vibrar de diferentes formas, me permito ese abrazo cálido y protector de cada uno de ellos que me muestran diferentes caminos que yo finalmente decido transitar o no. Ellos me han permitido entender el concepto de fe y dejar que la vida me hable.

[i] Kiram. Un rayo de Luz. www.anami.com.co

Reinventarse…

Asistí hace varios días a un curso, uno de esos a los que uno va buscando respuestas cuando esta medio perdido en sus propios miedos y quiere justificarlos o encontrar la motivación necesaria para coger un nuevo impulso; un curso de esos a los que uno va buscando aprender cosas nuevas para aventurarse a salir de su zona de confort.

Estar ahí es toda una experiencia, conoces personas muy diversas a las que poco a poco vas descubriéndoles su dimensión humana, personas que aparentemente se diferencian mucho de ti pero que con el paso de las clases, descubres que se enfrentan a tus mismos fantasmas y te sirven de ejemplo para aprender como espantarlos.

Empecé a descubrir que los contenidos que al principio parecían muy avanzados, no lo eran tanto, recordé cosas que ya sabía, conocimientos que quizás no estaban avalados por ningún diploma, pero que el sentido común y la necesidad me hicieron aprender; los clasifiqué, les puse nombre e hice conexiones. Lógicas comunes, “leyes” que funcionan en muchos aspectos que se van entretejiendo entre lo puramente académico, lo humano y lo divino; de pronto, las cosas se vuelven tan claras, tan obvias.

Además del hambre de conocimientos, del placer de descubrir o conectar, de explorar otros seres humanos, de encontrar la “clave”, me descubrí buscando aprobación, ser aceptada y reconocida. Necesitaba que otros me validaran y aunque se supone vengo en un proceso de mirar hacia adentro, ahí estaba otra vez buscando afuera mi valor, mi confianza.

Había iniciado este escrito hace varios días, lo gracioso era que no le encontraba un final y solo hasta ahora caí en cuenta que era porque intentaba desesperadamente reinventarme, creer que ya lo estaba consiguiendo, pero no, todavía no sabía cómo y el final del escrito tampoco aparecía.

Todo me gritaba que debía buscar adentro, pero qué? En mi mente se repetía lo que todos los cursos, los terapeutas, los amigos me habían dicho: búscate a ti misma, descubre quién eres, cuál es tu misión, recuerda que te hace feliz y aunque estaba trabajando en ello, ese adentro se sentía ajeno. ¿Qué era aquello que buscaba?

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Solo hasta hace algunos pocos días, encontré el final para esta nota y la respuesta a mi pregunta que es finalmente el camino para reinventarme (regalo de uno de esos maestros que llegan a la vida de uno, justo a cuando uno ya está listo para entender, porque como he dicho muchas veces sigo descubriendo el agua tibia).

Eso que estaba perdido, ajeno era mi Alma o partes de ella que se habían fragmentado, dispersado y mutilado en algún momento fruto de mis decisiones, creencias y el querer ajustarme a lo que no era mi naturaleza. Valga aclarar que no me arrepiento de nada de lo vivido, solo que apenas descubro que descuidé e ignore mi Alma y reconstruirla me ha costado dolor y me ha tomado tiempo.

Quizás la mas grande respuesta, es que esas conexiones entre lo humano y lo divino de las que ya hable, se han hecho visibles porque he empezado a sentirme completa, la división interior se reflejaba en lo exterior, no creía factible que lo espiritual y lo mundano podían fundirse en armonía en la vida de cualquier mortal como yo, no sin grandes esfuerzos y procesos de evolución complejos. Estaba en los extremos de la balanza. Me parecían dos mundos en vez de ser uno solo. Ahora entiendo que ESA, es la Unidad, la completud que anhelamos, lo que realmente somos.

 Continúa el camino un poco mas claro ¡hacia el equilibrio!

¿Qué sabemos del amor incondicional?

Mi última publicación hablaba de Susy, aquella hija peluda que se fue. No había vuelto a escribir porque no había tenido la disciplina para hacerlo, mi energía había venido consumiéndose en solucionar situaciones, hacer duelos y sacar conclusiones de un periodo de profundo dolor, de un sentido de vida que debía recuperar, reencontrar la alegría, la confianza y la paz interior que habían estado esquivas durante un tiempo que parecía alargarse sin encontrar un final.

La partida de Susy, los recuerdos que me dejó y las emociones que experimenté en el momento del adiós (gratitud infinita, armonía, aceptación y paz), me hicieron entender el real significado del amor incondicional y se despertó en mi un anhelo de que al partir, yo dejara una huella de al menos una mínima parte de esos sentimientos que Susy me despertó.

Entendí que realmente nunca supe qué era el amor incondicional y aunque he amado profundamente con amor de madre, de hija, de mujer, de amiga, ese “profundamente” había estado por momentos empañado de sentimientos muy lejanos al verdadero significado del amor, muchas veces en nombre de ese amor había lastimado, manipulado, controlado.

Empecé a entender que el amor es el mismo, independientemente de a quien esta dirigido, pude ver que cuando amas realmente, amas a todo y a todos los que te rodean. Pero sobre todo te amas y aceptas a ti misma. Pude entender por qué el amor es desapego, por qué el amor no es sacrificio. Lo dice Jesús, los repiten los maestros espirituales, la psicología, la filosofía, en fin, es un secreto a voces que no lograba comprender y la razón es que no había entendido el significado de amar incondicionalmente.

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(Esta foto es un regalo de uno de esos maestros de quienes he empezado a aprender el significado del amor)

Entendí que ese sentimiento es tan grande y poderoso que tiene que venir de algo infinito, enooorme y por fin pude aceptar y ver la grandeza de esta creación, no solo con el asombro que siempre he sentido ante la perfección de lo que somos y de lo que nos rodea, sino, desde la conexión entre todo que se me hizo evidente. La perfección nace precisamente de esa fuerza que es el amor.

Susy abrió la puerta desde mi emoción para que mi mente pudiera entender. Ahora me queda el camino y el reto de aprender a amar así, incondicionalmente. Finalmente creo que ese es el reto de todos, a eso vinimos a este plano a despejar el camino de todo lo que empañe la manifestación de esa fuerza en su plenitud, para trascender y cumplir el propósito de la creación: la perfección.

Gracias a ese clic, a ese regalo de la comprensión, a esa maestra peludita, puedo ver un poco mas despejado mi camino hacia el equilibrio, voy mas liviana y con la ilusión renovada.

Se que mi búsqueda es la misma de muchos y estoy segura que acompañarnos en ella, nos hará avanzar para cumplir el propósito como especie y como responsables de este maravilloso entorno que nos han regalado.

¿Qué tal si la compartimos en este espacio desde nuestra humanidad desnuda? Me muestras, te muestro, me explicas, te explico, me apoyas, te apoyo… te espero.

 Un abrazo gigante y amoroso

Claudia

Amor y pelos.

Hace pocos días experimenté la perdida de la única hija peluda que he tenido. Me enseñó a fundirme de amor, a comunicarme con ella, experimentó mis temores y me aguantó las novatadas de primeriza. Además hizo la función de madre sustituta para cuidar y amar durante mi ausencia a mis propios hijos, fué la depositaria silente de las alegrías y tristezas de toda la familia.

Recuerdo que apareció en nuestra vida, sólo cuando mis hijos estaban en capacidad de asumir la responsabilidad de una mascota. Aún sin saber como educarla, el sentido común y la experiencia de tener ya dos hijos, me permitieron poner mi granito de arena para educarla en lo básico y que la convivencia fuera fácil, puse algunos límites que fueron aceptados a regañadientes por el papá y los hijos, que en mi ausencia transgredían pero que ella, Susy,  inteligentemente respetaba mientras yo estaba en casa.

Me conquistó con su ternura, era una labradora negrita, con una orejas divinas y sus garritas enooormes en proporción con su cuerpo. Recuerdo que una de mis condiciones para tener una mascota era que no soltara pelos, ignorantes nosotros al pensar que porque tenía pelo corto, soltaba poco pelo. Encontrarnos sus pelos por toda la casa como un tapete y tener que barrer hasta 3 veces al día y uno que otro pelo volador en la comida, fue tal vez mi mayor esfuerzo de tolerancia.

Poco a poco pasé del fastidio por el olor a animal, de lavarme las manos cada que la tocaba a preocuparme por su bienestar, a compartir con ella, a acariciarla, untarme de sus babas, acercar su cara a mi cara, conversarle como a un humano y a hacerla una hija mas. Crecí en un ambiente completamente urbano, en un hogar donde no tuvimos mascotas (sólo una, cuando estaba demasiado pequeña para valorarla), por eso todo era nuevo para mi.

Ella fue una damita siempre, inteligente como ninguna, con un temperamento calmado, apacible, respetuosa, independiente y amorosa. Bueno, lo de damita es un decir, su tamaño y algunas costumbres que tenía la hacían ver bruscota, sin mucha elegancia, tal vez así, como deberíamos ser todos, ¡auténtica!, tenía gran personalidad. No se sentaba, se amontonaba sobre su cola con las patas abiertas y desparramadas, y se frenaba con las patas delanteras, a veces parecía que se resbalaba; se acostaba de medio lado, siempre sobre su pata izquierda, tanto que ya tenía un callo. Se acostaba boca arriba patiabierta para que le rascáramos la pancita con su cabeza hacia atrás, sus orejas se paraban y su carita parecía la de un murciélago, hermosa!.

Creció con mis hijos, tranquila, demandaba su cuota de amor, nos buscaba a cada uno para pedirla y respondía a manos llenas con la suya. Aceptaba tranquilamente cuando la rechazábamos y esperaba pacientemente hasta que le poníamos atención.

Ella nos enseñó el poder de la persuasión pasiva. Aprendimos como puede uno conseguir lo que quiere del otro solo con la presencia tranquila, una que otra caminada disimulada alrededor cada tanto para llamar la atención (¡como si fuera posible ignorar un animalote de ese tamaño!), una mirada tímida, un pequeño roce para no interrumpir. Tenía tacto, delicadeza pero gran persistencia.

Fue compañera de caminatas a las que no me resolvía a invitar con frecuencia, pues no se si era yo quien la sacaba a ella o ella a mi, yo llegaba muerta del cansancio al ir tras ella y hacer fuerza para que caminara mas despacio, pero aun así, era una delicia salir con ella, era amorosa con todas las personas y animalitos que nos encontrábamos en el recorrido.

Siempre dije que Susy era muda (jajaja), no ladraba, creo haberla escuchado ladrar menos de 10 veces en 9 años. Pero era una fortachona que inspiraba respeto cuando lo hacía.

Ella, Susy se convirtió en una presencia amorosa, que pedía poco y lo daba todo y a todos. Incluso a mi, que era la que más distancia mantenía con ella y no me olvidaba aunque en el último año la vi pocas veces.

Se fue después de una enfermedad que no se le descubrió a tiempo, ya era su momento. Pude despedirme y darle las gracias por ser parte de nuestra vida, por acompañar y cuidar a mis hijos este tiempo y por dejarnos su lección de amor incondicional, solo hasta ese momento el de la despedida lo entendí, esa era su misión con nosotros, enseñarnos lealtad, tolerancia, paciencia pero sobre todo amor incondicional.

Gracias Susy, se que desde allá, sigues con nosotros.

Gracias a este blog, por permitirme expresar unos sentimientos que nunca pensé sentir por un animalito. Hoy se que ella fue un ser de luz que trajo grandes bendiciones a mi familia.

 

 

 

El cuarto del “reblujo”

Que rápido se llega el día de arreglar casa! Otro día de limpiar, recoger y ordenar.

Hace un tiempo, leí un artículo que decía que limpiar la casa era una forma de meditación, de estar en equilibrio, de limpiar la energía de nuestro hogar y de agradecer todas las bendiciones que tienes; de hacernos cargo de la vida desde lo cotidiano. Decía que la forma de hacerlo era estar plenamente consciente de cada espacio que limpias y hacerlo amorosamente, me gustan las cosas en su sitio y me encanta la sensación de los espacios limpios (a todos, cierto?) pero debo confesar que no me gusta mucho hacerlo y por mucho tiempo pude pedir a otros que lo hicieran por mi. Me cuesta empezar, afortunadamente una vez arranco, lo logro.

Ayer, muy orgullosa de mi y de mi casa limpia, después de subir, bajar, lavar, mover, limpiar llegue con el último aliento a guardar los elementos de aseo, en el cuarto del “reblujo”. Cuando lo abrí me percaté que ese espacio ni siquiera lo había tenido en cuenta como parte de mi casa, no se me ha ocurrido limpiarlo algún tiempo y solo lo abría para dejar en el cosas que me estorban, cosas que no necesito o simplemente cosas que por alguna razón me resisto a regalar o botar.

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Entre una sonrisa de fastidio y a la vez de asombro, caí en cuenta que así era yo (Bueno… el cuarto de mi casa no es tan grande, espero que el de mi alma tampoco lo sea). Pero me hizo pensar que aunque nos comprometamos con nosotros mismos en asear nuestra mente y nuestras emociones para crecer y avanzar, tenemos un cuarto del “reblujo” que no queremos mirar, uno al que llevamos aquello que no queremos afrontar.

Fue curioso, porque cuando miré con detalle lo que hay dentro de ese cuarto, el de mi casa; empecé a ver el de mi alma: una caja grande con un árbol de navidad enorme que traje de mi casa anterior que ocupa gran parte del espacio, la ropa sin planchar, las bolsas del mercado derramándose de una bolsa de papel rota, una escalera, baldes, poncheras y una colección de escobas, traperas y recogedores, uno que otro pedazo de madera, pintura y baldosas que sobraron de algún arreglo, un cojín para hacer jardinería (y no tengo jardín, jajaj) en fin…

Ahí están entonces, parte de un pasado que ya no cabe en mi vida y se que no voy a volver a armar, las tareas pendientes que no me gustan, pero de las que me tengo que ocupar, algunas emociones desbordadas, muchas herramientas que a veces olvido que tengo y esas huellas que dejaron algunas experiencias a las que me aferro porque creo que pueden servir, pero que al final estorban y no me dejan seguir adelante.

Me sorprendí preguntándome si arreglaba la casa para mi o para los demás y si esa limpieza, ese orden y ese control de los que tanto me ufanaba, esa imagen de perfección, que desde hace un tiempo me había hecho el propósito de desprenderme, aún seguían ahí. Recordé esta frase que en algún momento me sacudió.

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El cuarto del “reblujo” sigue intacto, no me alcanzaron las ganas y me disculpe en la falta de tiempo para arreglarlo, pero al menos ya lo vi. Aquí estoy, comprometiéndome a limpiar ese cuarto en algún momento, aunque probablemente recogeré primero el desorden mas visible y fácil de limpiar antes de empezar con ese. Tu también tienes uno de esos?

*Utilicé la palabra “reblujo”, porque soy colombiana y está amarrada a los recuerdos de mi infancia. Las palabras correctas son: rebujo según la RAE o rebrujo, según el Diccionario de americanismos.

Desnuda? Auchh…

No se preocupen, esto no es un relato erótico, ni mucho menos una pagina de clasificación XXX.

Es temprano en la mañana y hace muchos días no sentía la motivación de levantarme y estar lista tan temprano. Confieso que en menos de 30 min, ya estoy lista, arreglada desayunada y que incluso el tiempo me alcanzó para hacer “reminiscencias” como diría mi madre, son esas vueltas que uno da para alargar el tiempo antes de sentarse a concretar algo.

Mi afán de escribir hoy y a la vez mi temor de hacerlo se deben a que ayer compartí por primera vez este blog. Invite a personas que conozco y otras que no, a leerlo. Auxiliooo! En qué me metí? Tengo que confesar que al hacer clic y publicarlo en mi facebook, sentí dolor de estomago, me arrepentí, pero fui valiente (jajaj) y no elimine la publicación. Aquí estoy, tirándome de cabeza en público a algo que estaba tratando de hacer en privado. Despojándome de todo para poder verme.

Después del clic de ayer, sentí pánico, alcance a pensar que era absurdo que yo estuviera dándomelas de escritora, quien iba a leerme, que iban a pensar de mi aquellos que me conocen, para que iba a exponerme? Pensé que esto me iba a quedar grande y que tal vez era mejor dejarlo así. Además, yo? hablando de equilibrio??

Sin embargo, he dejado varias cosas empezadas estos últimos años, proyectos que inicié con gran entusiasmo y fuerza, pero que con el paso de los días, la carga de miedos y ausencia de motivación los deje iniciados; en otras, tuve la madurez para desistir y entender que debía cambiar el rumbo; me prometí que ésta aventura, sin importar el resultado, la iba a continuar. Y aquí estoy aprendiendo a hacerlo.

Esta sensación la conecté con otra que he tenido a lo largo de mi vida. Me molesta que me tomen fotos, siempre he creído que no soy fotogénica y que no me veo bien en ninguna. Al observar una foto en la que aparezco, miro a los demás sin fijarme en mi imagen y si me miro, me juzgo: no quede bien peinada, quede mirando a otro lado, se me sale la barriga, que ojeras tan horribles, no me gusta la expresión de mis ojos, en fin… El monstruo de la laguna verde. Les ha pasado?

Creo que nos pasa a todos en mayor o menor grado. Nos vemos con los ojos del juicio, del deber ser, evadimos mirarnos directamente a los ojos y descubrir lo que se ve a través de esa ventana directa a nuestra alma.

Me arriesgo hoy a descubrir mi esencia, asumo que es parte de un proceso para escribir nuevamente mi presente, un proceso en el que me han acompañado maestros, amigos, relaciones  que me han confrontado con la imagen que tengo de mi, que me han ayudado a derrumbar los muros detrás de los que me escondía y me han acompañado en el camino con paciencia y tolerancia mientras he ido quitando cada ladrillo; otros me han puesto ante el espejo en toda mi desnudez y me han hecho mirar a través de esa ventana de mis ojos para descubrir la magia, la belleza y lo valioso que a veces me cuesta descubrir dentro de mi.

Nos desnudamos hoy? Que tal si hacemos el amor con nosotros mismos? y si nos miramos con ojos compasivos y amorosos? Hagamos un trío con nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu, volvámonos uno en aceptación. Dejemos que la vida nos haga el amor.

 

 

 

 

Quien soy… ¿Upekkha?

El inicio de una aventura para buscar respuestas, hacer catarsis y validar sentimientos comunes.

 Upekkha

Cuando te preguntan quién eres, respondes con tu formación, edad, rol e historia. ¿Qué pasa cuando, por circunstancias de la vida, ya no eres tu pasado sino un presente desprovisto de esa identidad que por años te acompañó; y donde el futuro se presenta como una pagina en blanco que espera ser escrita?

Se presenta, también, la oportunidad de construir tu vida con el descubrimiento de saber quién eres. Aunque suene a oportunidad, es un gran desafío: descubrir a esta edad que no tienes idea de quién eres y hacia dónde ir… ¡Este es mi caso! Y mi pregunta y la justificación de este blog y sé que la de muchas personas que por decisiones personales o circunstancias diversas nos vemos enfrentados a estos momentos de quiebre. ¿Duele, no?

¡Soy mujer! Y con una historia de vida como la de cualquiera que busca encontrar el equilibrio: físico, emocional y espiritual; que me permita momentos de mayor conexión donde esos fugaces estados de armonía se hagan frecuentes. Que navegue entre la certeza de esa grandeza de la que somos parte y la humanidad imperfecta y cotidiana, que nos pone a prueba a cada instante ¡Una mujer viva!

Sin embargo, la búsqueda del equilibrio forma parte de ese logro de armonía y paz que la mayoría de los seres humanos necesitamos y que de manera consciente o inconsciente queremos alcanzar. Es por esto, que decidí correr ese riesgo de mostrarme en toda mi confusión a través de estas letras: para buscar respuestas, hacer catarsis y validar sentimientos comunes.

Me enfrento ineludiblemente a vivir conscientemente mi presente, sin la inercia con que llevaba mi vida y con la actual necesidad de revaluar. En esa búsqueda del equilibrio, descubrí la palabra UPEKKHA, que es un vocablo del idioma Pali, en el que están escritos algunos textos budistas, una palabra hermosa que se convirtió en mi proyecto personal.

“El verdadero significado de upekkha es la ecuanimidad, no indiferencia en el sentido de despreocupación por los demás. Como virtud espiritual, upekkha significa estabilidad en la cara de las fluctuaciones de la fortuna mundana.
Es la uniformidad de la mente, inquebrantable libertad de la mente, un estado de equilibrio interno que no puede ser alterado por la ganancia y la pérdida, el honor y el deshonor, la alabanza y la culpa, el placer y el dolor.
Upekkha es la liberación de todos los puntos de la autorreferencia; es la indiferencia sólo a las demandas del ego, con su ansia de placer y posición, no al bienestar de los seres humanos. La ecuanimidad es el pináculo de las cuatro actitudes sociales que los textos budistas llaman ” moradas divinas ‘: ilimitada bondad , la compasión , alegría altruista y ecuanimidad¨. Monje Bhikkhu Bodhi

 Soy Claudia P. López Echeverry ¿Me acompañas en el camino?

Foto de Carlos Mario Munera