Un pedacito de cielo

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Recibí este pedacito de cielo, un regalo de esos que la vida nos da y que nos conmueve hasta lo mas profundo. El amanecer de un nuevo día, la promesa de toda su plenitud y a la vez la captura del fugaz instante, ese del que solo te haces consciente cuando estás atento y listo para ver.

Regalos tan llenos de significados, que te hablan desde muchos niveles, esos que te dejan ver tantas cosas.

En una publicación anterior me preguntaba si debíamos controlar las distintos elementos de nuestras vidas para lograr el equilibrio. Aún no se la respuesta, pero en ciertos momentos como hoy, me inclino a pensar que no, de algún modo la vida, nuestras emociones, nuestro cuerpo, nuestra mente se equilibran, no se si de la manera que nosotros creemos que debería ser, de la forma que quisiéramos o en el tiempo que necesitamos que ocurra; deben ser nuestro instinto de supervivencia o la maravilla de estos regalos de Dios, que lo logran. Pareciera que de alguna manera la vida nos quita por un lado y nos regala por otro, o que cuando se cierra una puerta se abre una ventana.

Todavía recuerdo que a los 15 años cuestionaba el destino, me resistía a creer que yo no pudiera decidir sobre mi vida, a que todo estuviera escrito y planeado para mi. El ímpetu de esos años, supongo que la ausencia de fe y la creencia de que todo lo podía (ego), me llevaron a sostenerme así por largo tiempo. Mas que abrirme a los regalos de la vida, los exigía y ponía condiciones. Tamaño, empaque, moño, tarjeta y por supuesto contenido fácil, respuestas inmediatas. Listo para usar! Les suena conocido?

Uno escucha y lee en todos lados: nada es casualidad o las cosas llegan en el momento indicado; desde la mente lo entendemos, pero a veces no tenemos los ojos para observar ni las manos abiertas para recibir, sólo hasta que vivimos la circunstancia, hasta que nuestras emociones están involucradas, descubrimos con sorpresa que eso, justamente eso que nos llegó, lo que tal vez ignoramos o rechazamos era lo que necesitábamos; solo ahí, aceptamos con humildad, que estaba fuera de nuestro control y que en algún lugar, tal vez demasiado cerca, hay una fuerza que sabe exactamente que es lo mejor para nosotros, concluimos que hubiera sido más fácil no resistirse, abrir las manos, simplemente entregarse.

Siento que allí es donde empieza la verdadera madurez, lejos de condicionamientos de edad y muy cerca de los momentos de reflexión. Sabemos que nuestras decisiones definen el instante siguiente, pero estamos abiertos a la intuición o a nuestro maestro interior, a la sabiduría interna para tomarlas.

Entonces empezamos a recibir situaciones, personas, momentos sin cuestionarlos; aún cuando en un primer momento no los veamos como un regalo o no tengan la apariencia de serlo, aprendemos que son aventuras, hermosos acertijos que debemos descifrar para que se nos revele el verdadero obsequio, libres de exigencias de empaque o forma.

Rincon del mar

Es allí, cuando la vida se equilibra con fugaces momentos como la captura del instante o duraderas como la promesa de un nuevo día de nubes rosadas, aire limpio, de disfrute y despertar.

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Totazo o aterrizaje

Todos los días me asombro de la forma como la vida nos trae lo que necesitamos en el momento en el que estamos listos para entenderlo. Cuando somos capaces de buscar sin ansiedad, las respuestas van llegando. Todo, absolutamente todo nos conversa.

Leía en estos días un artículo que me tocó de manera muy especial, me sorprendí (al parecer estaba descubriendo el agua tibia!), hay cosas que son tan obvias que por la misma razón no las vemos. Es una publicación de blog sobre el equilibrio logrado desde lo físico, desde la acomodación del cuerpo en su eje y la ubicación del centro de gravedad. Se refería a un termino que me encantó, la reversabilidad o el aprender a caer.

Reconocemos el acto de caer en el momento en que nos damos cuenta que no lo podemos revertir. También es importante entender que cuando en realidad se revierte una acción se debe detener para cambiar de dirección. Pero es posible alterar nuestro camino sin necesidad de detenerse. Podemos hacer esto a través de movimientos más circulares, redirigiéndonos en otra dirección. Ese puede convertirse en el momento en que recobramos el control de nuestras acciones. Nuestro tropiezo o caída se convierte en un salto o rollo. Para hacer esto debe ser capaz de moverse en la dirección en la que ya estamos cayendo y cambiarla. Ver mas en http://bit.ly/1UotS1U

En muchas situaciones de mi vida intenté controlarlo todo por el miedo a caer, al fracaso, a que mis acciones u omisiones pusieran en riesgo lo que mas amaba, tome decisiones radicales pensando que eran la única forma de detener para cambiar la dirección. Intentaba mantener el equilibrio a toda costa pero al contrario lo estaba perdiendo! El miedo a caer me hizo asumir posturas forzadas que defendí a capa y espada y las mantuve por largo tiempo sin explicación aparente para quienes me rodeaban, les quedaba difícil entender a ellos y a mi misma cual era la razón de tanta tozudez.

Al final, la consecuencia de esas posturas forzadas, terminó de igual forma desplazando el centro de gravedad y llevándome al suelo, unas veces mas aparatosamente que otras. Hoy, después de algunos golpes, músculos encogidos y articulaciones deformadas ya empece a enderezarme. Finalmente acepte los moretones y estoy tomando lecciones (es un decir, jajaja) para aumentar el rango de reversibilidad de mis acciones, a transformar en un rollo o salto, cada traspiés, aventurándome aún con miedo, pero con la confianza de que aunque el riesgo exista y la caída sea muy probable, la aventura puede ser muy satisfactoria.

Al leer este artículo, logre entender que lo que me impedía ser más flexible y disfrutar lo que la vida me ofrecía, era eso: el miedo a caer, sobre todo porque estaba basado en la creencia de irreversibilidad del movimiento y de la perdida del control. Aprendí que puedo hacer movimientos circulares para cambiar de dirección, en mi caso controlar la impulsividad: parar, callar y tomar distancia, la fórmula está en todas partes, pero debo confesar que no ha sido nada fácil para mi.

El objetivo es caer cada vez menos, pero si he de llegar al suelo, espero hacer un aterrizaje menos violento, haber disfrutado y aprendido del proceso; pero sobre todo, haber elegido desde el amor y el aprendizaje y no desde la negación y el miedo.

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Todo el mundo sabe que un buen aterrizaje es aquel del cual uno puede salir caminando, pero muy pocos conocen que un gran aterrizaje es aquel que nos permite usar el avión nuevamente.
Taringa.net. Máximas de pilotos.
Definitivamente quiero aterrizajes suaves, ya no mas totazos y ustedes?

El cuarto del “reblujo”

Que rápido se llega el día de arreglar casa! Otro día de limpiar, recoger y ordenar.

Hace un tiempo, leí un artículo que decía que limpiar la casa era una forma de meditación, de estar en equilibrio, de limpiar la energía de nuestro hogar y de agradecer todas las bendiciones que tienes; de hacernos cargo de la vida desde lo cotidiano. Decía que la forma de hacerlo era estar plenamente consciente de cada espacio que limpias y hacerlo amorosamente, me gustan las cosas en su sitio y me encanta la sensación de los espacios limpios (a todos, cierto?) pero debo confesar que no me gusta mucho hacerlo y por mucho tiempo pude pedir a otros que lo hicieran por mi. Me cuesta empezar, afortunadamente una vez arranco, lo logro.

Ayer, muy orgullosa de mi y de mi casa limpia, después de subir, bajar, lavar, mover, limpiar llegue con el último aliento a guardar los elementos de aseo, en el cuarto del “reblujo”. Cuando lo abrí me percaté que ese espacio ni siquiera lo había tenido en cuenta como parte de mi casa, no se me ha ocurrido limpiarlo algún tiempo y solo lo abría para dejar en el cosas que me estorban, cosas que no necesito o simplemente cosas que por alguna razón me resisto a regalar o botar.

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Entre una sonrisa de fastidio y a la vez de asombro, caí en cuenta que así era yo (Bueno… el cuarto de mi casa no es tan grande, espero que el de mi alma tampoco lo sea). Pero me hizo pensar que aunque nos comprometamos con nosotros mismos en asear nuestra mente y nuestras emociones para crecer y avanzar, tenemos un cuarto del “reblujo” que no queremos mirar, uno al que llevamos aquello que no queremos afrontar.

Fue curioso, porque cuando miré con detalle lo que hay dentro de ese cuarto, el de mi casa; empecé a ver el de mi alma: una caja grande con un árbol de navidad enorme que traje de mi casa anterior que ocupa gran parte del espacio, la ropa sin planchar, las bolsas del mercado derramándose de una bolsa de papel rota, una escalera, baldes, poncheras y una colección de escobas, traperas y recogedores, uno que otro pedazo de madera, pintura y baldosas que sobraron de algún arreglo, un cojín para hacer jardinería (y no tengo jardín, jajaj) en fin…

Ahí están entonces, parte de un pasado que ya no cabe en mi vida y se que no voy a volver a armar, las tareas pendientes que no me gustan, pero de las que me tengo que ocupar, algunas emociones desbordadas, muchas herramientas que a veces olvido que tengo y esas huellas que dejaron algunas experiencias a las que me aferro porque creo que pueden servir, pero que al final estorban y no me dejan seguir adelante.

Me sorprendí preguntándome si arreglaba la casa para mi o para los demás y si esa limpieza, ese orden y ese control de los que tanto me ufanaba, esa imagen de perfección, que desde hace un tiempo me había hecho el propósito de desprenderme, aún seguían ahí. Recordé esta frase que en algún momento me sacudió.

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El cuarto del “reblujo” sigue intacto, no me alcanzaron las ganas y me disculpe en la falta de tiempo para arreglarlo, pero al menos ya lo vi. Aquí estoy, comprometiéndome a limpiar ese cuarto en algún momento, aunque probablemente recogeré primero el desorden mas visible y fácil de limpiar antes de empezar con ese. Tu también tienes uno de esos?

*Utilicé la palabra “reblujo”, porque soy colombiana y está amarrada a los recuerdos de mi infancia. Las palabras correctas son: rebujo según la RAE o rebrujo, según el Diccionario de americanismos.

Desnuda? Auchh…

No se preocupen, esto no es un relato erótico, ni mucho menos una pagina de clasificación XXX.

Es temprano en la mañana y hace muchos días no sentía la motivación de levantarme y estar lista tan temprano. Confieso que en menos de 30 min, ya estoy lista, arreglada desayunada y que incluso el tiempo me alcanzó para hacer “reminiscencias” como diría mi madre, son esas vueltas que uno da para alargar el tiempo antes de sentarse a concretar algo.

Mi afán de escribir hoy y a la vez mi temor de hacerlo se deben a que ayer compartí por primera vez este blog. Invite a personas que conozco y otras que no, a leerlo. Auxiliooo! En qué me metí? Tengo que confesar que al hacer clic y publicarlo en mi facebook, sentí dolor de estomago, me arrepentí, pero fui valiente (jajaj) y no elimine la publicación. Aquí estoy, tirándome de cabeza en público a algo que estaba tratando de hacer en privado. Despojándome de todo para poder verme.

Después del clic de ayer, sentí pánico, alcance a pensar que era absurdo que yo estuviera dándomelas de escritora, quien iba a leerme, que iban a pensar de mi aquellos que me conocen, para que iba a exponerme? Pensé que esto me iba a quedar grande y que tal vez era mejor dejarlo así. Además, yo? hablando de equilibrio??

Sin embargo, he dejado varias cosas empezadas estos últimos años, proyectos que inicié con gran entusiasmo y fuerza, pero que con el paso de los días, la carga de miedos y ausencia de motivación los deje iniciados; en otras, tuve la madurez para desistir y entender que debía cambiar el rumbo; me prometí que ésta aventura, sin importar el resultado, la iba a continuar. Y aquí estoy aprendiendo a hacerlo.

Esta sensación la conecté con otra que he tenido a lo largo de mi vida. Me molesta que me tomen fotos, siempre he creído que no soy fotogénica y que no me veo bien en ninguna. Al observar una foto en la que aparezco, miro a los demás sin fijarme en mi imagen y si me miro, me juzgo: no quede bien peinada, quede mirando a otro lado, se me sale la barriga, que ojeras tan horribles, no me gusta la expresión de mis ojos, en fin… El monstruo de la laguna verde. Les ha pasado?

Creo que nos pasa a todos en mayor o menor grado. Nos vemos con los ojos del juicio, del deber ser, evadimos mirarnos directamente a los ojos y descubrir lo que se ve a través de esa ventana directa a nuestra alma.

Me arriesgo hoy a descubrir mi esencia, asumo que es parte de un proceso para escribir nuevamente mi presente, un proceso en el que me han acompañado maestros, amigos, relaciones  que me han confrontado con la imagen que tengo de mi, que me han ayudado a derrumbar los muros detrás de los que me escondía y me han acompañado en el camino con paciencia y tolerancia mientras he ido quitando cada ladrillo; otros me han puesto ante el espejo en toda mi desnudez y me han hecho mirar a través de esa ventana de mis ojos para descubrir la magia, la belleza y lo valioso que a veces me cuesta descubrir dentro de mi.

Nos desnudamos hoy? Que tal si hacemos el amor con nosotros mismos? y si nos miramos con ojos compasivos y amorosos? Hagamos un trío con nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu, volvámonos uno en aceptación. Dejemos que la vida nos haga el amor.

 

 

 

 

Quien soy… ¿Upekkha?

El inicio de una aventura para buscar respuestas, hacer catarsis y validar sentimientos comunes.

 Upekkha

Cuando te preguntan quién eres, respondes con tu formación, edad, rol e historia. ¿Qué pasa cuando, por circunstancias de la vida, ya no eres tu pasado sino un presente desprovisto de esa identidad que por años te acompañó; y donde el futuro se presenta como una pagina en blanco que espera ser escrita?

Se presenta, también, la oportunidad de construir tu vida con el descubrimiento de saber quién eres. Aunque suene a oportunidad, es un gran desafío: descubrir a esta edad que no tienes idea de quién eres y hacia dónde ir… ¡Este es mi caso! Y mi pregunta y la justificación de este blog y sé que la de muchas personas que por decisiones personales o circunstancias diversas nos vemos enfrentados a estos momentos de quiebre. ¿Duele, no?

¡Soy mujer! Y con una historia de vida como la de cualquiera que busca encontrar el equilibrio: físico, emocional y espiritual; que me permita momentos de mayor conexión donde esos fugaces estados de armonía se hagan frecuentes. Que navegue entre la certeza de esa grandeza de la que somos parte y la humanidad imperfecta y cotidiana, que nos pone a prueba a cada instante ¡Una mujer viva!

Sin embargo, la búsqueda del equilibrio forma parte de ese logro de armonía y paz que la mayoría de los seres humanos necesitamos y que de manera consciente o inconsciente queremos alcanzar. Es por esto, que decidí correr ese riesgo de mostrarme en toda mi confusión a través de estas letras: para buscar respuestas, hacer catarsis y validar sentimientos comunes.

Me enfrento ineludiblemente a vivir conscientemente mi presente, sin la inercia con que llevaba mi vida y con la actual necesidad de revaluar. En esa búsqueda del equilibrio, descubrí la palabra UPEKKHA, que es un vocablo del idioma Pali, en el que están escritos algunos textos budistas, una palabra hermosa que se convirtió en mi proyecto personal.

“El verdadero significado de upekkha es la ecuanimidad, no indiferencia en el sentido de despreocupación por los demás. Como virtud espiritual, upekkha significa estabilidad en la cara de las fluctuaciones de la fortuna mundana.
Es la uniformidad de la mente, inquebrantable libertad de la mente, un estado de equilibrio interno que no puede ser alterado por la ganancia y la pérdida, el honor y el deshonor, la alabanza y la culpa, el placer y el dolor.
Upekkha es la liberación de todos los puntos de la autorreferencia; es la indiferencia sólo a las demandas del ego, con su ansia de placer y posición, no al bienestar de los seres humanos. La ecuanimidad es el pináculo de las cuatro actitudes sociales que los textos budistas llaman ” moradas divinas ‘: ilimitada bondad , la compasión , alegría altruista y ecuanimidad¨. Monje Bhikkhu Bodhi

 Soy Claudia P. López Echeverry ¿Me acompañas en el camino?

Foto de Carlos Mario Munera

 

 

 

 

¿Hablamos de equilibrio?

Descubrí estas curiosas fotos en  http://www.dogguie.net/cosas-en-sorprendente-equilibrio/, las tomo prestadas para divagar un poco acerca del equilibrio.

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Hace algún tiempo he comenzado a asimilar y hacerme consciente del significado de “Como es arriba, es abajo”, una sorprendente y apasionante ley del universo de la que muchos hablan y creemos entender, por la cual la vida ofrece caminos para hallar respuestas y entender que hay una lógica, unos hilos conductores que lo rigen todo, que unen lo material con lo espiritual, lo mundano con lo divino, lo tangible con lo intangible; hilos que tarde o temprano se irán revelando a cada uno de nosotros desencadenando aprendizajes que pasan del saber al comprender y que nos convertirán poco a poco en la mejor versión de nosotros mismos. ¡…y eso que suena fácil!

Miro las imágenes e intento encontrar claves para resolver interrogantes. Reflexiono en que equilibrio está lejos de ser únicamente el de una balanza perfectamente alineada, donde el peso de dos cuerpos la mantiene horizontal.

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Día tras día jugamos a balancear elementos, desde lo más cotidiano como la zapatilla de nuestro apego, con el hierro oxidado y retorcido del pasado y el efímero vaso desechable. Nos rozamos de cerca con el cuchillo afilado de nuestro miedo y descansamos en la suave y deslucida espuma de las experiencias vividas que consideramos como sitio seguro.

Apoyamos el peso de nuestras vidas en botellas grandes como la profesión o las posesiones y sobre ella sujetamos cañas de pescar de las que colgamos relaciones, conocimientos, cosas útiles e inútiles o nos apoyamos en columnas, creencias fuertes como esa de que “basta hacer lo correcto para ser felices”. Creemos que sostenernos en aquellos que consideramos fuertes nos garantizará la estabilidad. ¡Qué poca valoración!

Estas imágenes, nos muestran las variadas formas de alcanzar el equilibrio, con solo elegir y disponer los elementos a incorporar o desechar. Evidencian la fragilidad de ese equilibrio, el cual puede perderse fácilmente.

¿Podemos controlar esos elementos para mantener el equilibrio? Mejor aún, ¿Necesitamos controlarlos?

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Vienen a mi cabeza imágenes de la naturaleza: regalos de perfección y belleza que mantienen un equilibrio permanente interrumpido solo por la mano del hombre o de la naturaleza que acepta sabiamente sus ciclos. La muerte de la flor para el nacimiento de un fruto. ¿Controla una flor su belleza? ¿Almacena luz y agua? ¿regula su afloración? ¿Somos nosotros parte de esa misma naturaleza?

La aventura hacia el equilibrio apenas comienza. Espero contar con otras miradas, otras preguntas y otras conclusiones que alimenten este espacio. Probablemente la respuesta al final de este ejercicio sea trivial y obvia pero espero que lo disfrutemos por el solo hecho de intentar ordenar nuestras cabezas, nuestras emociones y alimentar una motivación para lanzarnos a vivir. ¡…y salir bien libradas!

Los espero. Claudia